El testamento del pescador

La Epifanía según El Bosco

Publicado por El pescador en 6 enero 2012

En este día de la Epifanía o de la Adoración de los Magos traigo este comentario que ha hecho Terzio en su bitácora “Ex Orbe“, en la entrada titulada “Un tríptico de Epifanía“.
La obra comentada es el tríptico de la Adoración de los Magos, que se conserva en el Museo del Prado (Madrid, España). Para ver todos los detalles ha enlazado a esta imagen del tríptico en alta resolución.
Copio a continuación el comentario que hace en dicha entrada:

“La escena representada es una Epifanía, la Adoración de los Magos: La Estrella, el portal-casa de Belén, la Virgen con el Niño en su regazo, los Tres Magos adorantes ofrendando oro, incienso y mirra. Todo lo demás, el resto de la composición, es original creativo del maestro Jerónimo, tan rico en imaginerías.

 

 Las pinturas del Bosco son inagotables en figuras, anécdotas, detalles, paisajes, historietas, sugestiones, fábulas, mil y una circunstancias en torno a la escena central-mayor: El Misterio de Cristo y el mundo con sus pecados, locuras, bellezas y gracias, todo entorno.

 Comento brevemente:

  - Melchor (en primer plano, el mago calvo con capa roja) tiene a su lado la ofrenda de oro, ese objeto en el suelo, a la dchª del Mago (entre el palo del sombrajo y el manto azuloscuro de la Virgen) es una estatuilla dorada que representa el sacrificio de Isaac: Isaac lleva la leña para el holocausto, Abrahám levanta la espada para degollar al hijo de la promesa y el Ángel sujeta su brazo; detrás del altar está el carnero sustitutorio. Subiendo al plano referencial, la Virgen sostiene en su gremio al Cordero Inocente, sin defecto (desnudo, expuesto, en la debilidad de la carne asumida).

 - El Mago Gaspar (en segundo plano, con capa azul) lleva bordada en la esclavina otra escena del A. Testamento: La Reina de Saba ante Salomón ofrenda dones al Rey Sabio. Se trata de un trasunto del propio Misterio de los Magos, que presentan dones ante la Sabiduría Increada, el Verbo Encarnado, postrados ante la Virgen Madre, la Sedes Sapientiae, que sostiene al Hijo con paño-lienzo-sudario-corporal (alusión a la Pasión y la Eucaristía); la orla de la esclavina de Gaspar también representa una escena de sacrificio (parace como un cordero en las brasas (¿alusión al sacrificio-cena pascual???).

 - El tercer mago, Baltasar, el negro, lleva en el cuello y las mangas bordados de cardina (hierba amarga), y el pomo de mirra también representa una escena de ofrenda, que no distingo bien, pero debe ser también alguna referencia veterotestamentaria (¿o es José de Arimatea pidiendo a Pilato el Cuerpo del Señor???).

  - Los que se asoman al portal por la puerta entreabierta, ventanucos, rendijas y vanos, son los príncipes de la gentilidad y el paganismo, que se acercan al Misterio, convocados por la Gracia de Dios, que se ha manifestado; los Magos son los primeros, después vendrán otros. También están los pecadores.

  - La escena de San José, separado del grupo, como sorprendido por el ojo del pintor, tomando sopa bajo la cobacha del rincón, es característica del anecdotario iconográfico navideño de la época, siendo frecuente que San José aparezca como un personaje secundario, presente pero en cierta desconexión respecto a la escena central.

  - Los paisajes son fantásticos, con perspectivas de vertigo y edificios inventados: Se acercan a Belén las huestes criminales de Herodes; en un bosquecillo (panel dchº) se esconde la Sgdª Familia que huye a Egipto.

  - Las escenas menores son caprichosas, muy típicas del Bosco; en la hoja de la dchª unos lobos atacan a un pastor y una campesina; un jabalina corre con sus jabatos; en el panel de la izqdª unos campesinos danzan.

  - En una y otra puertezuela, en primer plano preferente, los donantes son presentados en la escena por sus Santos Patronos: San Pedro al caballero y Santa Inés (hay un cordero cerca de ella) a la dama; detrás de cada uno, los blasones respectivos.

  Y, como dije, mil detallitos más [...]“.

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He tirado un calendario de Antena Misionera al contenedor de papel

Publicado por El pescador en 4 enero 2012

Ha sido el de 2010, y he podido hacerlo sin ningún problema, puesto que no contenía ninguna imagen religiosa, ninguna en los doce meses del año ni en ninguna de las páginas informativas que contenía.

Normalmente si tengo que deshacerme de alguna estampa religiosa la quemo para que no esté rodando o acabe donde no debe, pero como digo este calendario editado por los Misioneros de la Consolata no tenía ninguna imagen ni de Cristo, ni de la Virgen ni de ningún santo. Sólo de los derechos de los indígenas, que estos misioneros querían dar a conocer para que sean defendidos, sin duda por una motivación profunda, religiosa pero que no se notaba. Lo mismo podía haber sido un calendario de una O.N.G.

Bitácora de Antena Misionera.

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Errores de la Biblia de los Testigos de Jehová (Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras)

Publicado por El pescador en 1 enero 2012

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Los recuerdos de Jasid, el perro de la Sagrada Familia

Publicado por El pescador en 26 diciembre 2011

Tomás Trigo: “Los recuerdos de Jasid. El perro fiel de la Sagrada Familia”. Madrid: Ediciones Palabra. ISBN:  9788498405705

En “La Sagrada Familia del pajarito” de Murillo aparece “Jasid”.

El blog de Jasid.

Facebook de “Jasid, el perro fiel”.

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La Virgen María, arca de la Nueva Alianza: las ferias privilegiadas de Adviento

Publicado por El pescador en 25 diciembre 2011

Se llaman ferias privilegiadas de Adviento a las Misas de la última semana de dicho tiempo litúrgico, que este año 2011 ha coincidido casi perfectamente, pues el IV Domingo fue el día 18, día de Nuestra Señora de la Esperanza o de la Expectación, y las lecturas de este domingo último de Adviento fueron sobre la Virgen María como Arca de la Nueva Alianza por su maternidad divina.

El Evangelio de dicho domingo era el de la Encarnación y la primera lectura narraba la intención del rey David de construir un templo en Jerusalén para depositar el Arca de la Alianza, que desde el pacto en el Sinaí había acompañado al pueblo de Israel. Dicha arca de la Antigua Alianza (Éxodo 25,10-22; 37,1-9) era la presencia de Dios en medio del pueblo (“Encima del arca estaban los seres alados que significaban la presencia de Dios y que cubrían con sus alas la tapa del arca: Hebreos 9,5) y lo había acompañado especialmente en los momentos decisivos (Josué 3,14-17; 6,1-10; 1 Samuel 4-6) y fue depositada por Salomón en la dedicación del templo de Jerusalén; en dicha ocasión la gloria de Dios llenó el templo (1 Reyes 8,1-11; 2 Crónicas 5,2-14).

La distribución del espacio donde estaba el arca en el templo es descrito por el autor de la carta a los Hebreos (9,2-10), donde además explica que el arca estaba en el Lugar Santísimo (el sancta sanctorum: 9,3-4) no podía entrar más que el sumo sacerdote una vez al año (Hebreos 9,6-7). Esto indica que en esta primera alianza Dios era inaccesible en el sentido de que no era visible, no era accesible, aunque no era lejano ni distante porque intervenía desde la creación para salvar a su pueblo y comunicarse y revelarse al mundo. Pero contrasta cómo en la colocación del arca en el templo en tiempos de Salomón, la gloria del Señor en forma de nube inundó el templo y nadie podía ver nada.

En cambio, con la Encarnación del Hijo de Dios narrada por San Lucas, Dios se hace visible y más cercano aún, como decía anoche en su homilía Benedicto XVI “en el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo”. Y esto es posible gracias a que Dios quiso nacer de la Virgen María, quiso tomar carne para hacerse visible, para mostrar que su gloria consiste en que podamos verlo, no en un palacio entre gente poderosa, sino en un pesebre entre gente normal y sencilla.

Por eso la Virgen María es la protagonista del final del Adviento, y ha aparecido en las lecturas de la Misa de las ferias privilegiadas desde el pasado IV Domingo, porque ella es el Arca de la Nueva Alianza, gracias a ella Dios se ha hecho visible y palpable, Dios ha venido a vivir en medio de nosotros de manera definitiva y para siempre y no deja abandonado a su pueblo, como hizo durante el recorrido de Israel hasta la tierra prometida Dios habita en medio de su pueblo en la Eucaristía, prolongación de su Encarnación en la Virgen María.

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Dios se revela en la debilidad

Publicado por El pescador en 4 noviembre 2011


A Marcos Valsera Cobos, en sus primeras horas en este mundo, sombra de los bienes futuros (cf. Hebreos  10,1)

Por nuestra condición humana buscamos la seguridad, una seguridad tangible, visible, que sea una certeza, para que estemos más tranquilos. Esto constrasta con la forma que tiene Dios de revelarse a nosotros, de darse a conocer, no desde el poder o la fuerza sino desde la debilidad.

Tenemos el ejemplo tan conocido de David contra Goliat, un niño contra un gigante. Ya al ungirlo, el profeta Samuel no había reparado en él por ser el más pequeño de los hermanos, y pensó que el elegido por Dios para ser el nuevo rey de Israel iba a ser alguno de los hijos mayores de Jesé, que eran más fuertes: “Cuando llegó, vio a Eliab, y pensó: – Seguro, el Señor tiene delante a su ungido. Pero el Señor le dijo: – No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón” (1 Samuel 16,6-7); “luego preguntó a Jesé: – ¿Se acabaron los muchachos? Jesé respondió: – Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas. Samuel dijo: – Manda a por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue. Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: – Anda, úngelo, porque es éste” (1 Samuel 16,11-12). El versículo siguiente, el 13, dice “Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento invadió a David el Espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante”.

Y ese Espíritu del Señor fue el que hizo posible su hazaña de derribar con su honda de pastor al gigante filisteo Goliat, cuya descripción impresiona y que el hagiógrafo o escritor sagrado quizá exagera para destacar la desigualdad del duelo con el joven pastor, recién ungido como rey de Israel: “Del ejército filisteo se adelantó un luchador, llamado Goliat, oriundo de Gat, de casi tres metros de alto. Llevaba un casco de bronce en la cabeza, una cota de malla de bronce que pesaba medio quintal, grebas de bronce en las piernas y una jabalina de bronce a la espalda; el asta de su lanza era como la percha de un tejedor y su punta de hierro pesaba unos seis kilos” (1 Samuel 17,4-7).

Contrasta esta mole filistea con la pequeñez de David y su confianza en la fuerza del Señor para vencer (versículos 36-50):

“Tu servidor ha matado leones y osos; ese filisteo incircunciso será uno más, porque ha desafiado a las huestes del Dios vivo. Y añadió: – El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo. Entonces Saúl le dijo: -Anda con Dios. Luego vistió a David con su uniforme, le puso un casco de bronce en la cabeza, le puso una loriga, y le ciñó su espada sobre el uniforme. David intentó en vano caminar, porque no estaba entrenado, y dijo a Saúl: – Con esto no puedo caminar, porque no estoy entrenado. Entonces se quitó todo de encima, agarró su cayado, escogió cinco cantos del arroyo, se los echó al zurrón, empuñó la honda y se acercó al filisteo. Éste, precedido de su escudero, iba avanzando acercándose a David; lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, y le gritó: – ¿Soy yo, acaso, un perro para que vengas a mí con un palo? Luego maldijo a David invocando a sus dioses, y le dijo: – Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo. Pero David le contestó: – Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre del Señor Todopoderoso, Dios de las huestes de Israel, a las que has desafiado. Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los del campamento filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel, y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque ésta es una guerra del Señor, y Él os entregará en nuestro poder. Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección de David, éste salió de la formación y corrió velozmente en dirección del filisteo; echó mano al zurrón, sacó una piedra disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada”.

Merece la pena leer el relato sagrado, que insiste en la confianza que David tiene en el Señor, no en sus propias armas, para salir victorioso de aquel peligroso duelo tan desigual, porque sabía que Dios es el que da la victoria, y la otorga a través de alguien pequeño y aparentemente insignificante.

Pues bien, esto es algo que se repite a lo largo de la Historia de la salvación y que tiene su culmen en Jesucristo. Los mismos magos de Oriente que iban a adorarlo, primero lo buscaron en el palacio de Herodes; los dirigentes del pueblo no lo aceptaron porque esperaban un Mesías poderoso y triunfal, y no concebían que éste pudiera venir como uno de nosotros.

Pero es que Dios no quiere servirse de la fuerza ni del poder ni manifestarse a través de ellos, porque entonces no deja lugar a nuestra libertad para aceptarlo o rechazarlo (¿quién podría negarse a aceptar a un Mesías nacido en el palacio de Herodes?), y es que aunque nos demuestra su origen divino con sus milagros todavía algunos lo rechazaban (Lucas 11,14-21); ni quiere a los orgullosos y seguros de sí mismos, porque éstos no necesitan a nadie y menos a Dios. Dios se revela en la debilidad para que así podamos amarlo, no temerlo.

Y la mayor debilidad de Dios al revelarse la encontramos en la cruz, que muestra la lógica de Dios, tan distinta del mundo, que por eso lo odió y odia a sus discípulos (Juan 15,18).

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Tipos de la Eucaristía en el Antiguo Testamento

Publicado por El pescador en 1 noviembre 2011

 

Este retablo de la Última Cena se encuentra en la Iglesia de San Pedro, Lovaina (Bélgica).
Como se aprecia, está estructurado en torno a la institución de la Eucaristía en la Última Cena del Señor Jesús, y a su alrededor hay cuatro escenas del Antiguo Testamento (A.T.): a la izquierda arriba el encuentro de Abraham con Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo que le ofreció pan y vino; debajo la Cena pascual judía; a la derecha arriba, los israelitas recogen el maná en el desierto, debajo el profeta Elías es despertado por el ángel para que coma y tome fuerzas para el camino [Pinchando en el subrayado azul aparece cada cuadro con más detalle]. A continuación explico con sus correspondientes citas bíblicas cada una de las escenas.
Un tipo es la figura representativa que alude a otra realidad, en este caso las cuatro escenas del A.T. representaban y figuraban la institución de la Eucaristía. Vamos a ver esto y qué enseñan sobre este Sacramento.En primer lugar, hay que distinguir que las dos escenas de la izquierda nos indican que la Eucaristía es el sacrificio de Cristo, y las dos de la izquierda que la Eucaristía es comida y alimento para los cristianos.Veamos con detenimiento cada una de las escenas:

- El encuentro de Abraham y Melquisedec (arriba a la izquierda): 
 

Este episodio está narrado en el libro del Génesis 14,18-20: “Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y le bendijo diciendo: ‘Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos’. Y Abrán le dio el diezmo de todo”.
Esta escena es anuncio de la Eucaristía porque el autor de la carta a los Hebreos (7,3.8) nos enseña que de este personaje no consta familia ni antepasados, ni se sabe nada de su nacimiento ni de su muerte, y además la Escritura supone que vive todavía, por lo que es figura de Cristo, Hijo eterno de Dios.
En esta acción Abraham entregó el diezmo al sacerdote de Dios Melquisedec , aunque éste no pertenecía a la tribu de Leví, tribu a la que después pertenecieron los sacerdotes israelitas (7,5-6).
Así, el sacerdocio de Jesús es superior al de los la tribu de Leví, porque Él no muere  y así intercede para siempre ante Dios (7,25); además como Jesucristo no tiene pecados no necesita ofrecer sacrificios cada día por sus pecados y por los del pueblo, sino que fue suficiente con su único sacrificio en la cruz (7,27).
Por tanto, esta escena nos muestra que en el sacramento de la Eucaristía, Jesucristo es el sacerdote que ofrece el sacrificio.
- La Pascua judía (debajo a la izquierda):
El cuadro representa a una familia israelita comiendo la cena según lo mandado por Moisés (Éxodo 12,8.11): “Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas [...] Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor”.
Los israelitas la celebran con un cordero (Éxodo 12,5), Jesucristo en cambia conecta la Última Cena con su Pascua, con su muerte y resurrección puesto que Él será la víctima sacrificada, ya que se cumple lo mandado por Moisés: “Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: ‘No le quebrarán un hueso’ ” (Juan 19,36), “no le romperás ningún hueso” (Éxodo 12,46).
Además de comer el cordero, en aquella primera Pascua los israelitas señalaron con la sangre del mismo sus puertas para  salvarse de la décima plaga que el Señor envió sobre Egipto (la muerte de los primogénitos: Éxodo 12,12-13.22.29-30). Así que igual que la sangre de  los corderos de aquella primera Pascua salvó de la muerte a los hebreos y les dio la libertad, la sangre de los sacrificios que los sacerdotes hebreos ofrecían servía para el perdón de los pecados del pueblo de Israel (Hebreos 9,7) y darles la libertad de los pecados, porque el pecado causa la muerte eterna y esclaviza.
Pero el autor de la carta a los Hebreos señala (10,2-4.11) que si la sangre de los animales sacrificados sirviera realmente para perdonar los pecados ya que tenían que repetirlos continuamente, y en cambio sólo Cristo pudo ofrecer el único sacrifico eficaz para perdonar los pecados (9,26; 10,12) con su sangre.
Por eso el cordero que comieron los israelitas en aquella primera Pascua es imagen de Cristo, que en la cruz se ofrece como víctima del sacrificio ofrecido para el perdón de los pecados, y que renovamos y actualizamos en la celebración de la Eucaristía.

- El maná (Éxodo 16, arriba a la derecha):

En el camino desde Egipto hacia la tierra prometida, los israelitas tenian que atravesar el desierto del Sinaí, y en un ambiente tan hostil el pueblo tuvo que enfrentarse al problema de la comida, y tuvo que ser tanta el hambre que causó la añoranza de la esclavitud en Egipto, porque allí al menos se hartaban de comer.
La solución que les dio el Señor fue el maná, un pan que era el alimento para cada día, los israelitas no podían guardarlo para más tiempo porque se estropeaba, de ahí que en el Padre Nuestro pidamos al Señor que nos dé el pan de cada día, porque el Señor no nos olvida ni nos abandona, y en la peregrinación de esta vida nos da el alimento de la Eucaristía para que podamos llegar a nuestra tierra prometida que es la Jerusalén del cielo.
En el discurso del Pan de vida (Juan 6,25-59), los judíos plantean a Jesús cuál es la señal que Él da para que crean que es el enviado de Dios ya que sus antepasados comieron el maná en el desierto (vv. 30-31). la respuesta de Jesucristo es que los cristianos, que somos los que creemos que Él es el que ha sido enviado por Dios (v. 29), recibimos el verdadero pan que ha bajado del cielo que nos da nuestro Padre Dios, y que es Jesucristo, para que tengamos vida eterna al comerlo y al creer en Él (vv. 35-40).
- Elías huye de Jezabel (abajo a la derecha):
Esta escena representa al profeta Elías cuando huyó de la reina Jezabel hacia el monte Horeb (1 Reyes 19,1-9); este episodio es consecuencia de la matanza de los profetas de Baal tras el desafío en el monte Carmelo (18,20-40).
Dicho desafío sirvió para mostrar al pueblo de Israel que el único Dios vivo y verdadero es Yahveh, porque los profetas del dios fenicio Baal, cuyo culto promovía Jezabel, esposa del rey israelita Ahab, y que suponía un grave peligro para la fe de los israelitas.
La reina Jezabel juró matar al profeta Elías tras lo sucedido en el monte Carmelo, así que no tuvo más remedio que huir. Pero cansado de caminar por el desierto, se acostó bajo una retama deseando morir porque le faltaban las fuerzas, hasta que un ángel lo despertó y le mandó comer una torta y beber agua que había cerca de él, de manera que así tuvo fuerzas para caminar durante cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb o Sínaí.
Este episodio nos muestra que la Eucaristía es alimento para los cristianos, caminantes y peregrinos por este mundo hacia la Jerusalén del cielo; y en esta peregrinación que es la vida terrena tenemos a Jesucristo no sólo como alimento sino también como camino para llegar a nuestra meta.
Finalmente, estas cuatro escenas del Antiguo Testamento se cumplen en el sacramento de la Eucaristía, representada en la Última Cena del centro del retablo.

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Al césar y a Dios

Publicado por El pescador en 16 octubre 2011

El Evangelio del Domingo XXIX (ciclo A) del Tiempo ordinario es la pregunta que hacen a Jesús los fariseos y los herodianos (Mateo 22,15-21):

Entonces los fariseos se reunieron para buscar un modo de enredarlo con sus palabras. Le enviaron algunos discípulos suyos acompañados de herodianos, que le dijeron: – Maestro, nos consta que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y que no te fijas en la condición de las personas porque eres imparcial. Dinos tu opinión: ¿es lícito pagar tributo al césar o no? Jesús, adivinando su mala intención, les dijo: – ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Le presentaron un denario. Y él les dijo: – ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Contestaron: – Del césar. Entonces les dijo: – Pues, dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Al oírlo, se sorprendieron, lo dejaron y se fueron.

 Esto era demasiado para los fariseos y otros dirigentes del pueblo de Israel, que piensan en la manera de eliminar a Jesús, al menos desacreditarlo ante el pueblo: si Jesús contestaba que era lícito pagar el impuesto al emperador, quedaba como un mal judío, partidario del poder pagano y extranjero que oprimía a Israel; en cambio, si negaba la obligación de pagar dicho impuesto, los fariseos lo acusarían ante los romanos de incitar a la rebelión.

Esta trampa viene después de que Jesús ha echado en cara a los sumos sacerdotes y a los fariseos que no han sabido reconocer en Jesucristo al Mesías (parábolas de los dos hijos, de los viñadores homicidas y de los invitados a la boda que se excusan: Mateo 21,28-22,14), porque ellos quieren saber qué autoridad tiene Jesús para obrar milagros y enseñar; ya después de la parábola de los viñadores homicidas sus interlocutores “buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta” (Mateo 21,46) porque Jesús denuncia su cerrazón ya que “Juan vino a vosotros por el camino de la justicia y no creísteis en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero vosotros, ni siquiera al ver este ejemplo os habéis arrepentido ni habéis creído en él” (Mateo 21,32) y “por eso os digo que a vosotros se os quitará el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos” (Mateo 21,43).

Este pasaje del evangelio está al final de la vida de Jesús, por lo que se ve cuál va a ser su destino. Y precisamente la acusación sobre el impuesto del césar será el medio que al final tendrán los dirigentes del pueblo para acabar con Jesús, ya que en la noche del Jueves Santo condenan a Jesús a muerte por declararse Hijo de Dios y Mesías (Mateo 26,63-64; Lucas 22,67-71), en definitiva por blasfemia, a oscuras y lejos del pueblo; pero había un problema, que el sanedrín no podía ejecutar la pena de muerte, así acuden a Poncio Pilato, como no podían presentarle una acusación religiosa, acusan a Jesús de un delito político: “Levantándose todos a una, lo condujeron ante Pilato. Y empezaron la acusación: – Hemos encontrado a éste agitando a nuestra nación, oponiéndose a que paguen tributo al césar y declarándose Mesías rey. Pilato le preguntó: – ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le respondió: – Tú lo dices” (Lucas 23,1-3).

Esa es la hipocresía que en este evangelio denuncia Jesús, porque los dirigentes del pueblo no aceptaban otro rey que Dios y sin embargo son capaces de someterse al césar con tal de no aceptar a Jesús como el Mesías: “[Pilato] dice a los judíos: – Ahí tenéis a vuestro rey. Ellos gritaron: – ¡Afuera, afuera, crucifícalo! Les dice Pilato: – ¿Voy a crucificar a vuestro rey? Los sumos sacerdotes contestaron: – No tenemos más rey que el césar” (Juan 19,14-15).

 Aparte de esto, quisiera analizar otro fragmento para entender este pasaje evangélico y así todo el evangelio. Hay otro fragmento en el evangelio de San Mateo que también habla de un impuesto, en este caso el del Templo de Jerusalén, y que está representado en el fresco de Masaccio que ilustra esta entrada: “Mientras paseaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: “Cuando llegaron a Cafarnaún, los que recaudaban el impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le dijeron: – ¿No paga vuestro maestro el impuesto del Templo? Pedro contestó: – Sí. Cuando entró en casa, Jesús se le adelantó y le preguntó: – ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿de quiénes cobran impuestos?, ¿de los hijos o de los extraños? Contestó que de los extraños y Jesús le dijo: – Luego los hijos están exentos. Pero para no dar motivo de escándalo, ve al lago, echa un anzuelo y al primer pez que pique agárralo, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti” (Mateo 17,24-27).

Con este relato Jesús quiere enseñar que ni Él ni los apóstoles tenían que pagar el impuesto para el Templo, puesto que Él es Hijo de Dios y los discípulos, que son la verdadera familia de Jesús, son por tanto hijos de Dios. El templo es la casa del Padre, y ellos deberían estar exentos del pago de cualquier impuesto. El razonamiento de Jesús me parece clave para entender el evangelio de hoy, el del tributo al césar: el césar exige el impuesto a los extraños, los cristianos somos esos extraños también porque nuestro único César, Padre, Señor y Rey es Jesús, como Él mismo responde a Pilato en los relatos de la Pasión: Jesucristo reina en la cruz, Él es el Rey del Universo (tengamos en cuenta que este relato del tributo del césar lo leemos en el domingo XXIX y la solemnidad de Cristo Rey del universo es el domingo XXXIV). Además los cristianos somos también los extraños a los que el césar nos pide el impuesto porque nuestra patria definitiva, nuestra sociedad no está aquí en este mundo, sino en la Jerusalén del cielo, hacia la cual peregrinamos, y aquí donde vivimos ahora estamos pero sin ser de aquí.

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Sor María Jesús de Ágreda, evangelizadora de los indios de Arizona desde su monasterio de Soria 2/2

Publicado por El pescador en 11 agosto 2011

La Madre María de Jesús (1602-1665), llamada en el mundo María Coronel y Arana, nació en la ciudad de Ágreda (Soria), en España. Allí entró en el convento de las Madres concepcionistas a los 18 años. Llegó a ser Superiora del monasterio y allí vivió hasta su muerte. Desde los primeros tiempos de su vida en el convento, empezó a tener éxtasis y fenómenos extraordinarios. Su deseo de salvar almas era muy intenso.

En la relación que ella misma hace al padre Pedro Manero le dice así: Esto de que se condenasen las criaturas de Dios y mis hermanos los prójimos, desde muy pequeña me ha dividido de dolor el alma; y lo que me ha pasado acerca de esto no es posible ponderarlo. Y en este tiempo me sucedió que el Señor me prevenía algunas veces que quería trabajase por las criaturas y el bien de las almas; y las grandes enfermedades y dolores que tenía me ordenaba su Majestad se lo ofreciese por una causa de su agrado y por la conversión de algunas almas.

Paréceme que un día, después de haber recibido a nuestro Señor, me mostró su Majestad todo el mundo y conocí la variedad de cosas criadas; cuán admirable es el Señor en la universalidad de la tierra; mostrábame con mucha claridad la multitud de las criaturas y almas que había y entre ellas cuán pocas que profesasen lo puro de la fe y que entrasen por la puerta del bautismo a ser hijos de la santa Iglesia. Dividíase el corazón de ver que la copiosa redención no cayese sino sobre tan pocos. Conocía cumplido lo del Evangelio que son muchos los llamados y pocos los escogidos. A todos crió el Altísimo para que le conociesen, sirviesen y amasen y son muy pocos los que profesan la fe conforme los muchos gentiles, idólatras, moros y herejes que hay.

Para dar salida a su incontenible deseo de salvar almas, Dios le concedió el don bilocación. Así pudo convertir a un moro de Pamplona, un musulmán encarcelado, a quien fue a catequizar en bilocación y consiguió su conversión, siendo bautizado en su misma ciudad de Ágreda el 28 de noviembre de 1626, como consta en el libro de bautismos de la parroquia de Ágreda. Veamos los hechos.

Había un musulmán encarcelado en el castillo de Pamplona y debían llevarlo a Madrid. Un caballero que residía en Ágreda con el cargo de gobernador de armas, antes de cumplir este encargo, les habló a las religiosas de este musulmán, tratándolo de perro por haber huido de la justicia. Sor María, que escuchaba estas palabras, no pudo ocultar la pena que le causaba oír tratar así a una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios; y pidió al caballero que le trajese el esclavo por Ágreda antes de llevarlo a Madrid. Llegó a Pamplona este señor y, al disponerse a conducir con toda cautela al famoso moro, le manifiesta éste, cómo ya estaba catequizado por una religiosa que visiblemente había estado con él dos veces en el castillo y postrada de rodillas le había rogado que se hiciese cristiano, instruyéndole en los misterios de la fe, y él se había determinado a recibir el bautismo en la parroquia de Nuestra Señora de los Milagros de la villa de Ágreda y tomar el nombre de Francisco como la religiosa le había prescrito.

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Sor María Jesús de Ágreda, evangelizadora de los indios de Arizona desde su monasterio de Soria 1/2

Publicado por El pescador en 10 agosto 2011

Sor María de Jesús, tenía un gran celo por “salvar almas para el Señor”; desde su más tierna edad, Dios le concedió tener una visión del alma en gracia santificante y del alma en pecado mortal que marcó totalmente su vida, desde ese momento María Coronel Arana ya no sería la misma. A partir de allí, su espíritu se encumbraría a buscar sólo a satisfacer a su Amado, a entregarse por entera a Él. El Señor le favoreció con fenómenos exteriores, pero todos estos fenómenos místicos extraordinarios cesaron, para dar paso a una concentración de lo sobrenatural en su interior, el cual se manifestó con el fenómeno único de la bilocación que le hacía actuar a distancia de miles de kilómetros en las tierras americanas de Nuevo México. Era el año 1622. Sor María tenía sólo 20 años. La bilocación que trasladó a Sor María desde su retiro de Ágreda sobre el Atlántico hasta América fue en su tiempo algo que causó el más grande estupor, no sólo en España sino en las mismas Indias, donde ha perdurado hasta nuestros días la fama de la dama azul del Oeste que evangelizara vasta zonas de Nuevo México. Los obstáculos a la acción de los misioneros eran duros. Ante todo la hostilidad de las tribus indígenas, luego la dificultad de las lenguas autóctonas- diferentes y extrañas en su estructura-, las grandes distancias, etc. Es cuando se inician las inexplicables actuaciones de la legendaria “dama de azul” que prepara a los indios a la recepción del bautismo. De estos sucesos dejó ella misma una narración: “Paréceme que un día, después de haber recibido a nuestro Señor, me mostró Su Majestad todo el mundo, y conocí la variedad de cosas criadas; cuán admirable es el Señor en la universidad de la tierra; mostrábame con mucha claridad la multitud de criaturas y almas que había, y entre ellas cúan pocas que profesasen lo puro de la fe, y que entrasen por la puerta del bautismo a ser hijos de la santa Iglesia. Dividíase el corazón de ver que la copiosa redención no cayese sino sobre tan pocos. Conocía cumplido lo del Evangelio, que son muchos los llamados y pocos los escogidos… Entre tanta variedad de los que no profesaban y confesaban la fe, me declaró que la parte de criaturas que tenían mejor disposición para convertirse, y a que más su misericordia se inclinaba, eran los del Nuevo México y otros reinos remotos de hacia aquella parte. Él manifestarme el Altísimo su voluntad en esto, fue mover mi ánimo con nuevos afectos de amor de Dios y del prójimo, y a clamar de lo íntimo de mi alma por aquellas almas.” Era el ardor misionero de Sor María de Jesús. Desde el año 1622 al 1625 se hizo presente, como evangelizadora, lo menos 500 veces -dice en las primeras declaraciones- en las provincias de Quiviras, Jumanas y otras zonas de Nuevo México (actualmente estas zonas se encuentran ubicadas en los estados de Nuevo México, Texas y Arizona de los Estados Unidos de Norteamérica) hasta que la fama que iban adquiriendo tales hechos le aconsejó pedir a Dios que cesaran estos dones, cosa que consiguió. Los indígenas le llamaban “la dama de azul”, por el manto celeste de concepcionista que llevaba. Predicó a muchos el Evangelio y hasta sufrió una especie de martirio. Por entonces ya había misioneros franciscanos en aquellas regiones. Y sugirió a los indios que se presentaran a los misioneros para que, una vez evangelizados, toda la región pudiera recibir el bautismo. Se asombraron los misioneros de ver tanta gente dispuesta y comenzaron a indagar dónde podría vivir aquella “dama de azul” que decían los nativos. El año 1630 Alonso Benavides vino a España, se dirigió al ministro general de los Frailes menores, Bernardino de Sena, y le refirió aquella historia de la evangelización de Nuevo México. Y como ya la conocía por otras referencias, lo envió al convento de la Purísima Concepción de Ágreda para que comprobase la veracidad de tales revelaciones. Benavides atestiguó que la “dama de azul” no era otra que María de Ágreda y así lo consignó en sus memorias. De estas bilocaciones se hizo un doble proceso de la Inquisición en los años 1635 y 1650.

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